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El llamado del DT de la selección argentina, Jorge Sampaoli, al arquero de River Franco Armani y al volante Enzo Pérez para que ambos integren el plantel que disputará el mundial de Rusia en un mes, significa que el conjunto de Núñez volverá a tener representantes en el equipo albiceleste, lo cual no ocurría desde el de Corea-Japón 2002.
Si bien en los mundiales de Alemania 2006, Sudáfrica 2010 y Brasil 2014 la selección incluyó a jugadores con pasado millonario, en esos momentos no vestían la banda roja. Esto quiere decir que River Plate volverá a tener un jugador en la selección argentina tras cinco mundiales.
En el seleccionado que jugó el mundial de 1930 tampoco había jugadores de River, mientras que en el mundial de 1934 Argentina llevó jugadores amateurs. Luego, en los mundiales de 1938,1950 y 1954 Argentina no participó.
En el año 1958, el conjunto nacional retornó al certamen mundial en Suecia, y los jugadores que participaron que pertenecían al elenco riverplatense eran: Amadeo Carrizo, Federico Vairo, Néstor Rossi, Eliseo Prado, Norberto Menéndez, Ángel Labruna y Alfredo Pérez.
En la edición de 1962 que se disputó en Chile jugaron José Ramos Delgado ,Alberto Sainz, Martín Pando, Marcelo Pagani,Rogelio Domínguez y Vladislao Cap.
En el mundial Inglaterra 1966 integraron el plantel Hugo Gatti, Jorge Solari, Juan Carlos Sarnari, Ermindo Onega y Oscar “Pinino” Mas.
En Alemania 1974 integraron el conjunto argentino Ubaldo Fillol y Enrique Wolff. Este fue el regreso de Argentina a la copa del mundo tras no haber clasificado para la edición de 1970 disputada en México.
En el mundial de 1978 que se llevó a cabo en la Argentina, y en el cual logró por primera vez este galardón, se encontraban el el plantel Ubaldo Fillol, Daniel Passarella, Norberto Alonso, Leopoldo Luque y Oscar Ortiz.
En la edición de 1982 integraron el seleccionado celeste y blanco Ubaldo Fillol, Daniel Passarella, Américo Gallego, Mario Kempes, Julio Olarticoechea, Ramón Díaz y Alberto Tarantini.
En el segundo título del mundo obtenido por nuestro país en México 1986 , jugaron para el seleccionado Nery Pumpido, Oscar Ruggeri y Héctor Enrique. Estos jugadores fueron campeones del mundo con River a fines de ese mismo año a nivel de clubes.
Para Italia 1990 fueron convocados José Tiburcio Serrizuela y Sergio “Checho”Batista; luego se incorporó Ángel David Comizzo quien tuvo que reemplazar a Pumpido que sufrió una lesión.
Foto: Diario Clarín
En Estados Unidos 1994 integraron la selección argentina Sergio Goycochea (que terminó siendo suplente), Hernán Díaz y Ariel Ortega.
Para la selección que jugó en el mundial 1998 que se llevó a cabo en Francia, jugaron Germán Burgos, Leonardo Astrada, Sergio Berti y Marcelo Gallardo.
Por último, para Corea-Japón 2002 fueron convocados al elenco argentino Ariel Ortega y Claudio Husain, ambos jugadores del equipo millonario.
Fotos:El Gráfico,Panini,Sporting Heroes y gettymages
La formación de River salía de memoria en los años sesenta: "Carrizo, Ramos Delgado y Echegaray, Sainz, Cap y Varacka...". Así la transmitían los periodistas radiales en vibrante relato. Asi aparecía en los albumes de figuritas. Hemos hablado del Gran Amadeo y evocado al Negro Ramos Delgado. Nos falta recordar, entre otros, a Marcelo Edmundo Oscar Echegaray, el pampeano (nacido en el año 1935) que llegó de Atlanta y jugó con la casaca millonaria entre 1960 y 1964. Este legendario marcador lateral izquierdo se calzó la camiseta número 3 y no la dejó nunca, hasta que emigró a Argentinos, donde se retiró tras jugar allí sus últimos dos años como profesional. Jugador seguro, sobrio, gran marcador, para nada negado con la pelota. Un gran defensor, en síntesis, caracterizado por su personalidad y visible por su incipiente calvicie. Echegaray fue uno de los grandes marcadores laterales de la historia de River, y de esta manera, breve pero sentida, recuperamos su nombre y ensayamos un merecido recuerdo.
Reinaldo Carlos Merlo nació en Buenos Aires el 20 de mayo de 1950. Próximo a cumplir 68 años, Mostaza, el 5 que jugó solamente en River durante sus 15 años de carrera profesional (1969 -1984), algo impensable en estos días), se recupera satisfactoriamente de un traspié en su salud.
En esa dilatada trayectoria con la camiseta de la banda ganó 7 campeonatos locales y jugó 35 superclásicos. Todo un record para este volante ganador, de tremenda personalidad e incomparable entrega. Aquel que sostenía, muchas veces en soledad, la marca en el mediocampo de River. Aquel que completaba una línea media excepcional junto al Negro JJ y el Gran Beto.
Retirado del fútbol, se dedicó con mucho éxito a la dirección técnica. Como entrenador dirigió a River Plate en dos etapas: 1989/90 y 2005. También entrenó a Chacarita Juniors (1997,) Deportes Temuco (1998), Belgrano (2000), Racing Club (en tres etapas: 2001 y 2006 y 2013), Estudiantes de La Plata (2005), Atlético Nacional de Medellín (1999), Barcelona de Guayaquil (2008), Rosario Central (2010) y a los seleccionados argentinos juveniles (1990/94). A su vez, fue ayudante de campo de Alfio Basile en el seleccionado mayor de Argentina. Nuestro recuerdo para aquel León con de voz de mando inconfundible.
Claro que no es fácil, en época de vacas flacas, albergar la esperanza de que el vapuleado fútbol argentino vuelva a dar a luz un equipo de la talla de La Máquina. No hubo, ni habrá, probablemente, un cuadro capaz de desplegar ese fútbol. Un juego que, en la década del 40, terminó de cimentar la identidad del fútbol criollo. Una evidencia histórica de que “la nuestra” existe. Tanto existe, que La Máquina se metió entre las mejores formaciones de la historia del fútbol. Como el Santos de Pelé, como Brasil del 70, como Holanda del 74, como el Real de los sesenta, como el Barcelona de Guardiola y tantos otros.
La Máquina, además, marca el techo de producción del fútbol argentino y pone a River como el más grande de su rica historia.
Para entender qué sentían y cómo jugaban los “players” de aquel equipo, es bueno traer a colación un artículo de la Revista El Gráfico, escrito por el periodista Matías Rodríguez, que da cuenta de aquella leyenda y sus protagonistas.
“Salíamos a la cancha y nuestra táctica era clara: agarrar la pelota, tocarla, meter una gambeta, esto, lo otro y el gol caía sólo. Generalmente tardaba en llegar y la angustia era porque los partidos nunca podíamos definirlos pronto. Dentro del área claro que queríamos hacer el gol, pero en el medio nos divertíamos, si nadie nos apuraba”. Juan Carlos Muñoz explicaba así porqué, a los delanteros de La Máquina, los apodaban los Caballeros de la Angustia. Casi una declaración de principios y una definición en sí misma, Muñoz aseguraba que no tenían prisa por convertir porque, fruto del dominio abrumador que desplegaban, sentían que podían hacerlo cuando ellos quisieran. La Máquina de River nació en 1942, luego de una victoria 6-2 contra Chacarita. Antes habían existido varios intentos de bautizar de esa manera a un equipo que se destacaba por su precisión de relojero, pero fue Borocotó, el periodista de El Gráfico, el que popularizó el apodo en la crónica del partido. “Jugó como una máquina el puntero”, fue el título del comentario, que hacía particular hincapié en el poderío ofensivo del vigente campeón. Si bien la leyenda del equipo trascendió por sus atacantes, es un acto de justicia histórica reconocer que cada nombre tiene ganado a pulso su lugar en el recuerdo. En el 2-3-5 de Renato Cesarini el arquero era el peruano José Eusebio Soriano, uno de los mejores talentos surgidos de su país; Vaghi y Yácono –precursor de la marca personal, apodado Estampilla- los centrales; Rodolfi, Ramos y Ferreira los mediocampistas; y Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau el quinteto de delanteros que hizo mítico a ese River. No obstante, La Máquina extendió sus fronteras y se convirtió en una referencia a una época de River, superando así la barrera de un equipo –y de una delantera- en particular. Esa época va, concretamente, desde 1941 hasta 1946 inclusive. En ese lapso, contra lo que generalmente se cree, el quinteto fantástico sólo actuó en grupo en 18 partidos, y como espina le quedó jamás haber enfrentado a Boca. Sin embargo, durante esos años River trajo a Sudamérica una nueva forma de concebir el fútbol. Como dice Pablo Ramírez en el apéndice de Fútbol Todotiempo e historias de La Máquina –el libro de Carlos Peucelle que recientemente fue reeditado-, “en ese equipo se dio una conjunción casi mágica de futbolistas excepcionales que lograron la armonía que sólo se consigue jugando juntos con frecuencia”. El “Todotiempo” del título del libro de Peucelle, que fue uno de los creadores del equipo en las sombras, se refiere en gran parte a la concepción que esos jugadores tenían del juego. Todos hacían todo. Entraban, salían, tocaban y devolvían. “Cambiaban de posiciones con una sincronización matemática”, agrega Ramírez. Una idea ancestral del Fútbol total y del juego de posición de la Holanda de Cruyff. Una muestra de que La Máquina hizo escuela rompiendo los moldes de su contexto histórico. Las principales batutas de aquella afinadísima orquesta fueron cinco. Adolfo Pedernera era el jugador cerebral, el estratega desde el medio para adelante. Ángel Labruna el martillo, el goleador infalible de esos Caballeros de la Angustia que demostraban todo su potencial cuando iban perdiendo y sorprendían al público –cuando no lo desesperaban- por su tranquilidad. José Manuel Moreno era un tiempista, el que más se retrasaba del quinteto para abastecer a sus compañeros desde el comienzo mismo de la jugada; y Juan Carlos Muñoz y Félix Loustau oficiaban de extremos. Se ocupaban de oxigenar al equipo por los costados. Chaplin, como era apodado Loustau, era una debilidad de Peucelle, que lo llamaba “Ventilador”. Según él, era el encargado de darle aire y una posibilidad de descarga siempre fresca a ese River que se abalanzaba en ataque sin pruritos conservadores a cuestas. Como se puede concluir, todos los integrantes del quinteto triunfaron en River y se convirtieron en glorias del club. Sin embargo sus éxitos fueron más individuales que colectivos. Paradójicamente, en ese equipo que nada lo hacía sin el apoyo de todas sus partes, Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau apenas compartieron la cancha en un puñado de partidos; pero se transformaron en leyendas, cada uno por su lado, en compañía de otros maestros de la pelota (Deambrossi, D’Alessandro, Di Stéfano…) que, sin haber ocupado los más altos lugares de la marquesina, derrocharon talento en los promisorios estadios del fútbol argentino. La grandeza de La Máquina, no obstante, no se encuentra en una multiplicidad de títulos. Aunque River fue campeón en 1941, 1942 y 1945, en su época no logró el mayor de los reconocimientos. Jamás fue record de recaudación, y muchas veces ni siquiera llenaba la cancha. El público, tal vez, no supo interpretar el potencial de ese equipo que rara vez se vio eclipsado por el juego rival. Ese River, al que sólo el tiempo parece haberle dado la razón, marcó la historia del fútbol argentino. A partir de aquella gloriosa década del cuarenta, el juego de estos lares quedó emparentado con la belleza y el romanticismo. A su vez, el Millonario se erigió como un cultor de ese estilo. La Máquina, sin dudas, trazó un antes y un después de su recorrido triunfal.
Juan Pablo Sorín nació en Buenos Aires el 5 de mayo de 1976 y alcanzó a
ser un indiscutible ídolo de River, donde jugó durante tres años consecutivos,
participando de campañas inolvidables. Este actual periodista deportivo conjugó
su entrega, su técnica y su inteligencia
para leer el juego con una llamativa versatilidad. De hecho, pese a
desempeñarse habitualmente como lateral por el sector izquierdo, también ha jugado como mediocampista por la
izquierda, segundo zaguero central o como doble volante central. Actualmente,
como señaláramos anteriormente, se
desempeña como comentarista de fútbol y como conductor de televisión en medios
de Argentina y Brasil.
Se formó en
las categorías inferiores de Argentinos Juniors, en donde debutó como profesional en
un empate sin goles ante San Lorenzo de Almagro el 9 de septiembre de 1994. Disputó 21
partidos y convirtió un tanto en el club de La Paternal. Al año
siguiente fue transferido a la Juventus de la Serie A de Italia, en donde
casi no tuvo oportunidades para jugar, disputando apenas cuatro encuentros.
En el verano
de 2003 se
marcha cedido al París Saint-Germain, con el que
gana una Copa de Francia y donde fue elegido jugador
más valioso de la temporada, luego de ganar en varias ocasiones el premio de
Mejor Jugador del Mes. Sorin guarda una marca única en la historia del club
francés: nunca perdió con la camiseta del PSG en las 30 ocasiones que jugó por
lo que es llamado hasta la actualidad como "bonheur" o portador de
suerte en español. En 2004 retornó a Cruzeiro, para después fichar por el Villarreal donde cumplió un papel
fundamental para la clasificación por primera vez en la historia del club, a la
UEFA Champions League. En esa misma temporada, junto a figuras internacionales
como Riquelme o Forlán, consiguieron alcanzar las semifinales, siendo
eliminados por el Arsenal de Inglaterra. En el 2006 es contratado por el Hamburgo SV de Alemania, en donde
tuvo un buen comienzo, pero sufrió una seria lesión en una rodilla. En 2008 volvió
otra vez a Brasil y al Cruzeiro, ganando un Campeonato Mineiro
en 2009, que sería
su último título.
Como jugador
siempre se destacó por su estilo técnico, su entrega física y principalmente
por su fidelidad a las camisetas de los equipos a los que representó. Fue
elegido líder por técnicos y aficionados y respetado por los adversarios. Con
una sólida carrera conquistó, junto con el éxito, una credibilidad pública que
avala sus acciones en otros ámbitos más allá del fútbol, garantizando una
repercusión siempre positiva en cualquier lugar del mundo. En River será
siempre recordado. Por eso quisimos estar junto a él en la Feria del Libro y
recordarlo en nuestro espacio. [1] https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Pablo_Sor%C3%ADn