viernes, 18 de mayo de 2018

MARCELO ECHEGARAY, EL PAMPEANO CAPITÁN

                                                                                 
La formación de River salía de memoria en los años sesenta: "Carrizo, Ramos Delgado y Echegaray, Sainz, Cap y Varacka...". Así la transmitían los periodistas radiales en vibrante relato. Asi aparecía en los albumes de figuritas. Hemos hablado del Gran Amadeo y evocado al Negro Ramos Delgado. Nos falta recordar, entre otros,  a Marcelo Edmundo Oscar Echegaray, el pampeano (nacido en el año 1935) que llegó de Atlanta y jugó con la casaca millonaria entre 1960 y 1964. Este legendario marcador lateral izquierdo se calzó la camiseta número 3  y no la dejó nunca, hasta que emigró a Argentinos, donde se retiró tras jugar allí sus últimos dos años como profesional. Jugador seguro, sobrio, gran marcador, para nada negado con la pelota. Un gran defensor, en síntesis, caracterizado por su personalidad y visible por su incipiente calvicie. Echegaray fue uno de los grandes marcadores laterales de la historia de River, y de esta manera, breve pero sentida, recuperamos su nombre y ensayamos un merecido recuerdo.

martes, 15 de mayo de 2018

MOSTAZA MERLO, EL LEÓN DE RIVER

                                                                           
Reinaldo Carlos Merlo nació en Buenos Aires el 20 de mayo de 1950. Próximo a cumplir 68 años, Mostaza, el 5 que jugó solamente en River durante sus 15 años de carrera profesional (1969 -1984), algo impensable en estos días), se recupera satisfactoriamente de un traspié en su salud.
En esa dilatada trayectoria con la camiseta de la banda ganó 7 campeonatos locales y jugó 35 superclásicos. Todo un record para este volante ganador, de tremenda personalidad e incomparable entrega. Aquel que sostenía, muchas veces en soledad, la marca en el mediocampo de River. Aquel que completaba una línea media excepcional junto al Negro JJ y el Gran Beto.
Retirado del fútbol, se dedicó con mucho éxito a la dirección técnica. Como entrenador dirigió a River Plate en dos etapas: 1989/90 y 2005. También entrenó a Chacarita Juniors (1997,) Deportes Temuco (1998), Belgrano (2000), Racing Club (en tres etapas: 2001 y 2006 y 2013), Estudiantes de La Plata (2005), Atlético Nacional de Medellín (1999), Barcelona de Guayaquil (2008), Rosario Central (2010) y a los seleccionados argentinos juveniles (1990/94).  A su vez, fue ayudante de campo de Alfio Basile en el seleccionado mayor de Argentina. Nuestro recuerdo para aquel León con de voz de mando inconfundible.

Fuentes: Wikipedia y El Gráfico.

domingo, 6 de mayo de 2018

ES NECESARIO VOLVER A LA MÁQUINA

                                                                           


Claro que no es fácil, en época de vacas flacas, albergar la esperanza de que el vapuleado fútbol argentino vuelva a dar a luz un equipo de la talla de La Máquina. No hubo, ni habrá, probablemente, un cuadro capaz de desplegar ese fútbol. Un juego que, en la década del 40, terminó de cimentar la identidad del fútbol criollo. Una evidencia histórica de que “la nuestra” existe. Tanto existe, que La Máquina se metió entre las mejores formaciones de la historia del fútbol. Como el Santos de Pelé, como Brasil del 70, como Holanda del 74, como el Real de los sesenta, como el Barcelona de Guardiola y tantos otros.
La Máquina, además, marca el techo de producción del fútbol argentino y pone a River como el más grande de su rica historia.
Para entender qué sentían y cómo jugaban los “players” de aquel equipo, es bueno traer a colación un artículo de la Revista El Gráfico, escrito por el periodista Matías Rodríguez, que da cuenta de aquella leyenda y sus protagonistas.
“Salíamos a la cancha y nuestra táctica era clara: agarrar la pelota, tocarla, meter una gambeta, esto, lo otro y el gol caía sólo. Generalmente tardaba en llegar y la angustia era porque los partidos nunca podíamos definirlos pronto. Dentro del área claro que queríamos hacer el gol, pero en el medio nos divertíamos, si nadie nos apuraba”. Juan Carlos Muñoz explicaba así porqué, a los delanteros de La Máquina, los apodaban los Caballeros de la Angustia. Casi una declaración de principios y una definición en sí misma, Muñoz aseguraba que no tenían prisa por convertir porque, fruto del dominio abrumador que desplegaban, sentían que podían hacerlo cuando ellos quisieran. La Máquina de River nació en 1942, luego de una victoria 6-2 contra Chacarita. Antes habían existido varios intentos de bautizar de esa manera a un equipo que se destacaba por su precisión de relojero, pero fue Borocotó, el periodista de El Gráfico, el que popularizó el apodo en la crónica del partido. “Jugó como una máquina el puntero”, fue el título del comentario, que hacía particular hincapié en el poderío ofensivo del vigente campeón. Si bien la leyenda del equipo trascendió por sus atacantes, es un acto de justicia histórica reconocer que cada nombre tiene ganado a pulso su lugar en el recuerdo. En el 2-3-5 de Renato Cesarini el arquero era el peruano José Eusebio Soriano, uno de los mejores talentos surgidos de su país; Vaghi y Yácono –precursor de la marca personal, apodado Estampilla- los centrales; Rodolfi, Ramos y Ferreira los mediocampistas; y Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau el quinteto de delanteros que hizo mítico a ese River. No obstante, La Máquina extendió sus fronteras y se convirtió en una referencia a una época de River, superando así la barrera de un equipo –y de una delantera- en particular. Esa época va, concretamente, desde 1941 hasta 1946 inclusive. En ese lapso, contra lo que generalmente se cree, el quinteto fantástico sólo actuó en grupo en 18 partidos, y como espina le quedó jamás haber enfrentado a Boca. Sin embargo, durante esos años River trajo a Sudamérica una nueva forma de concebir el fútbol. Como dice Pablo Ramírez en el apéndice de Fútbol Todotiempo e historias de La Máquina –el libro de Carlos Peucelle que recientemente fue reeditado-, “en ese equipo se dio una conjunción casi mágica de futbolistas excepcionales que lograron la armonía que sólo se consigue jugando juntos con frecuencia”. El “Todotiempo” del título del libro de Peucelle, que fue uno de los creadores del equipo en las sombras, se refiere en gran parte a la concepción que esos jugadores tenían del juego. Todos hacían todo. Entraban, salían, tocaban y devolvían. “Cambiaban de posiciones con una sincronización matemática”, agrega Ramírez. Una idea ancestral del Fútbol total y del juego de posición de la Holanda de Cruyff. Una muestra de que La Máquina hizo escuela rompiendo los moldes de su contexto histórico. Las principales batutas de aquella afinadísima orquesta fueron cinco. Adolfo Pedernera era el jugador cerebral, el estratega desde el medio para adelante. Ángel Labruna el martillo, el goleador infalible de esos Caballeros de la Angustia que demostraban todo su potencial cuando iban perdiendo y sorprendían al público –cuando no lo desesperaban- por su tranquilidad. José Manuel Moreno era un tiempista, el que más se retrasaba del quinteto para abastecer a sus compañeros desde el comienzo mismo de la jugada; y Juan Carlos Muñoz y Félix Loustau oficiaban de extremos. Se ocupaban de oxigenar al equipo por los costados. Chaplin, como era apodado Loustau, era una debilidad de Peucelle, que lo llamaba “Ventilador”. Según él, era el encargado de darle aire y una posibilidad de descarga siempre fresca a ese River que se abalanzaba en ataque sin pruritos conservadores a cuestas. Como se puede concluir, todos los integrantes del quinteto triunfaron en River y se convirtieron en glorias del club. Sin embargo sus éxitos fueron más individuales que colectivos. Paradójicamente, en ese equipo que nada lo hacía sin el apoyo de todas sus partes, Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau apenas compartieron la cancha en un puñado de partidos; pero se transformaron en leyendas, cada uno por su lado, en compañía de otros maestros de la pelota (Deambrossi, D’Alessandro, Di Stéfano…) que, sin haber ocupado los más altos lugares de la marquesina, derrocharon talento en los promisorios estadios del fútbol argentino. La grandeza de La Máquina, no obstante, no se encuentra en una multiplicidad de títulos. Aunque River fue campeón en 1941, 1942 y 1945, en su época no logró el mayor de los reconocimientos. Jamás fue record de recaudación, y muchas veces ni siquiera llenaba la cancha. El público, tal vez, no supo interpretar el potencial de ese equipo que rara vez se vio eclipsado por el juego rival. Ese River, al que sólo el tiempo parece haberle dado la razón, marcó la historia del fútbol argentino. A partir de aquella gloriosa década del cuarenta, el juego de estos lares quedó emparentado con la belleza y el romanticismo. A su vez, el Millonario se erigió como un cultor de ese estilo. La Máquina, sin dudas, trazó un antes y un después de su recorrido triunfal.
                                                                                 

miércoles, 2 de mayo de 2018

JUAN PABLO SORÍN: CRACK, LÍDER E ÍDOLO

                                   


      Juan Pablo Sorín nació en Buenos Aires el 5 de mayo de 1976 y alcanzó a ser un indiscutible ídolo de River, donde jugó durante tres años consecutivos, participando de campañas inolvidables. Este actual periodista deportivo conjugó su entrega, su técnica y su  inteligencia para leer el juego con una llamativa versatilidad. De hecho, pese a desempeñarse habitualmente como lateral por el sector izquierdo,  también ha jugado como mediocampista por la izquierda, segundo zaguero central o como doble volante central. Actualmente, como señaláramos anteriormente,  se desempeña como comentarista de fútbol y como conductor de televisión en medios de Argentina y Brasil.

Se formó en las categorías inferiores de Argentinos Juniors, en donde debutó como profesional en un empate sin goles ante San Lorenzo de Almagro el 9 de septiembre de 1994. Disputó 21 partidos y convirtió un tanto en el club de La Paternal. Al año siguiente fue transferido a la Juventus de la Serie A de Italia, en donde casi no tuvo oportunidades para jugar, disputando apenas cuatro encuentros.
En 1996 es cedido a River, donde fue titular indiscutido e ídolo total. Allí ganó tres Torneos Apertura (1996, 1997 y 1999), un Clausura (1997), una Copa Libertadores de América en 1996 y una Supercopa Sudamericana en 1997. Un record impresionante.
En 2000 fichó por Cruzeiro de la Serie A de Brasil. Con este equipo jugó tres temporadas, ganando una Copa de Brasil (2000), dos Copas Sul-Minas (2001 y 2002) y un Supercampeonato Mineiro (2002).
Tras una temporada y media en la Lazio, fue adquirido por el Fútbol Club Barcelona en el mercado de invierno. Con este equipo debuta en la Primera división española el 9 de febrero de 2003 en el empate por 2 a 2 contra el Athletic Club.
En el verano de 2003 se marcha cedido al París Saint-Germain, con el que gana una Copa de Francia y donde fue elegido jugador más valioso de la temporada, luego de ganar en varias ocasiones el premio de Mejor Jugador del Mes. Sorin guarda una marca única en la historia del club francés: nunca perdió con la camiseta del PSG en las 30 ocasiones que jugó por lo que es llamado hasta la actualidad como "bonheur" o portador de suerte en español. En 2004 retornó a Cruzeiro, para después fichar por el Villarreal donde cumplió un papel fundamental para la clasificación por primera vez en la historia del club, a la UEFA Champions League. En esa misma temporada, junto a figuras internacionales como Riquelme o Forlán, consiguieron alcanzar las semifinales, siendo eliminados por el Arsenal de Inglaterra. En el 2006 es contratado por el Hamburgo SV de Alemania, en donde tuvo un buen comienzo, pero sufrió una seria lesión en una rodilla. En 2008 volvió otra vez a Brasil y al Cruzeiro, ganando un Campeonato Mineiro en 2009, que sería su último título.
Ha sido internacional con la Selección de fútbol de Argentina en 76 ocasiones, marcando 11 goles. Su debut como internacional se produjo el 14 de febrero de 1995 en el partido Argentina 4:1 Bulgaria.
Con la Selección Argentina ganó la Copa Mundial de Fútbol Sub-20 de 1995 y los Juegos Panamericanos del mismo año. Además jugó los Mundiales de 2002 y 2006 y las Copas América de 1999 y la 2004, en la que fue subcampeón. Su último partido con la selección fue contra Alemania en la Copa del Mundo 2006. A pesar de haberse afianzado con su selección, increíblemente después del mundial no volvió a ser convocado. [1]

Como jugador siempre se destacó por su estilo técnico, su entrega física y principalmente por su fidelidad a las camisetas de los equipos a los que representó. Fue elegido líder por técnicos y aficionados y respetado por los adversarios. Con una sólida carrera conquistó, junto con el éxito, una credibilidad pública que avala sus acciones en otros ámbitos más allá del fútbol, garantizando una repercusión siempre positiva en cualquier lugar del mundo. En River será siempre recordado. Por eso quisimos estar junto a él en la Feria del Libro y recordarlo en nuestro espacio.
[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Pablo_Sor%C3%ADn

lunes, 30 de abril de 2018

CARLOS KARABIN

                                                                                 
Carlos Javier Karabin nació en Morón el 31 de agosto de 1963. Fue un duro marcador central que hizo divisiones inferiores en River, debutó en primera en 1981 e integró el equipo campeón que dirigía Héctor Veira. Luego  continuó su carrera profesional por varios clubes argentinos e incluso por algunos de la primera división del fútbol de Colombia.
Fue integrante del equipo titular que logró el emblemático superclásico en condición de visitante el 6 de abril de 1986, jugado con pelota naranja durante una etapa y signado por dos goles del Beto Alonso a Gatti. También ingresó en aquel emocionante partido por la Copa de Oro  de 1986, en la que River derrotó a la selección de Polonia por 5 a 4, con el golazo de chilena de Francescoli.

miércoles, 25 de abril de 2018

EL PENAL QUE CHICHIZOLA LE ATAJÓ A SAJA

                                                                           

                                                                               
Hace pocos años, en 2014, cuando River volvía a hacer pie después de un error de la historia, un épico partido contra Racing abriría las puertas de un nuevo título. El encuentro se había complicado después de un penal cometido por Rojas en el quinto minuto de descuento, al tocar con la mano un centro pasado. Penal. De la ejecución se hizo cargo el Chino Saja, arquero de imponente remate. Cuando se creía que estábamos ante una nueva frustración, el santafesino Leandro Chichizola tendría su tarde soñada y contendría el furibundo remate desde los doce pasos. River se encaminaba hacia un nuevo campeonato y Chichizola sería, desde entonces, inolvidable. La crónica del diario "La Nación" del 4 de mayo de aquel año decía lo siguiente:"Leandro Chichizola atajó otro penal sobre la hora y fue el héroe de River ante Racing.
Le atajó un penal a Saja en el quinto minuto de descuento; una acción que se festejó como un título; fue abrazado por todos sus compañeros, en un dramático final; ante Estudiantes sucedió algo similar. Cuando el partido ante Racing se moría, Sebastián Saja tuvo la chance de convertir, de penal, el 3-3 para la Academia.
Sin embargo, apareció la figura de Leandro Chichizola para atajar el remate del Chino y darle a River tres puntos fundamentales para alcanzar a Gimnasia LP en lo más alto de las posiciones, a falta de dos fechas para que se termine el torneo Final".  Compartimos con ustedes el emotivo relato de Atilio Costa Febre de aquel momento glorioso.

domingo, 22 de abril de 2018

HUGO PENA

                                                                           
Hugo Osvaldo "Tomate" Pena (n. Buenos Aires, Argentina, 28 de noviembre de 1951 - f. Buenos Aires, Argentina; 09 de enero de 1981 ) fue un recordado zaguero que comenzó su carrera en Argentinos Juniors y luego jugó tres años en River, que por entonces tenía un equipo sensacional.
En 1973 dio el gran salto y llegó a River, que pagó 70 mil dólares por su pase, una cifra muy alta para la época.
Jugó en Núñez entre mediados de 1973 y 1976, completando un total de 97 partidos con la camiseta de la Banda.  Por su buen desempeño como zaguero central llegó a ser incluido en el Seleccionado Nacional. Campeón con el equipo de Ángel Labruna en el Metropolitano de 1975.
Era un defensor de gran técnica, aguerrido y con mucha marca. Una garantía, como lo recuerda la hinchada millonaria. Sobrio, seguro, de buen pie, Hugo – fallecido muy tempranamente- vivirá por siempre en el corazón de los riverplatenses.